jueves, 7 de febrero de 2013

inmobilismo

Hay momentos en que la tensión es tan grande... y el silencio parece imperturbable. Puedes estar ahí mismo con un megafono y un traje hecho completo de luces de arbol de navidad y aún así no provocarías ninguna diferencia. Todo eso desespera demasiado. Tanto que al final, te embarga una amargura densa... te pesa como lo hacen las manchas de petroleo a una foca. Es un sueño que no te deja despierto pero tampoco dormir en paz. Lo único despierto dentro de ti es una rabia, que patalea cual malcriado infante. Destruye salones completos en tu alma. A ti ya no te importa que resulte o no, que se voltee, que cambie de parecer... no te importa ser como los demás. No te importa lograr lo que los demás logran. Tu solo quieres que la rabia desaparezca, porque el desastre en tu interior te duele como el vidrio molido luego de la explosión simultánea de diez mil ventanales. Tu solo quieres matar esa rabia, aun si eso te cuesta matar tu más grande deseo, sentimiento... tu más grande ansia de vivir. No la matarás tú, porque ya no te importa mover un dedo. La rabia morirá presa de la cólera por haber sido descaradamente ignorada por ti. Existía solo gracias a tí, como un Dios existe gracias a su creyente. Tu ya te cansaste de hacerle caso, de sentir su dolor. Tu ya te cansaste de creer.

martes, 5 de febrero de 2013

Fue heavy como me acordé hace un rato de una melodía que tuve pegada toda la noche, mientras lavaba los platos de Biomasa Caldera... hace un rato la grabé. Lo ideal hubiese sido agregarle la letra de alguna cosa que haya escrito antes, pero nunca logro hacerles encajar muy bien, asi que le escribí una letra exclusivamente para ella. Sobre cosas que he tenido en la cabeza... algunas cosas que aun me perturban. Es heavy como en poco tiempo se me ha hecho una especie de habito tomar la guitarra y hacer sonidos nuevos. Aún me es muy dificil, pero creo que es un buen comienzo, dentro de lo desastrosos que estos suelen ser. Supongo que cuando me crea lista se lo llevaré a algún capo, a algún estudio musical, uno de Temuco. El tipo me dirá que no es lo que andan buscando, que es un poco simple... yo le diré que no es más simple que la mierda falsa que pasan por la radio todo el día, tomaré mis cosas y me iré... llegaré a mi cuarto y tocaré cada una de mis creaciones hasta que me canse, hasta que los brazos se me caigan solos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Hoy es domingo, 03 de febrero de 2013. No esperé que una fecha como esta estuviese tan cerca. No tiene nada de especial... es solo que creí se tardaría más en llegar.

Me deprime un poco pensar en que la mayoría de quienes conozco andan de vacaciones, o emparejados, o de carrete, o trabajando en algo divertido. Yo no he hecho ninguna de las anteriores. Lo curioso, es que no solo no las he hecho durante estos meses; no las he hecho nunca.

Entre ayer y hoy termine de leer el primer volumen de The Sandman, Preludios Nocturnos. Me gusta la idea de iniciarme formalmente en el comic con una joya literaria como esta. Es bien extensa, y como asegura el mismo Neil Gaiman en las últimas paginas, lo mejor está en los próximos volúmenes. Volví a leerle porque en realidad no me queda más que hacer... a veces me desespero por no hablar con nadie. Ni con mamá puedo. Es raro, pero cuando se me acerca no me nace hablar algo con ella. Me hostiga un poco. Y a la vez me llena de culpa.

Ella sabe que prefiero estar sola. Ya se resignó a verme en mi cuarto la mayor parte del día, en cama y con el computador sobre la panza. Al menos no me reviento en la disco, no me drogo (aún), no hago nada. Soy un mueble (ella misma me apoda así).

En fin, es lo mejor que puedo hacer... a ratos tengo imágenes fugaces de la gente que dice extrañarme, que me escribe en internet mandando saludos y preguntandose qué ha sido de mí todo este tiempo. Les veo preocupados, y a veces dolidos de mi apatía y desatención. Pero luego me vienen las otras imágenes fugaces  de ellos en la playa, celebrando alguna fecha importante en familia... viajando al extrangero, asistiendo a un recital... Entonces concluyo que ellos no están tan mal. Al menos no más mal que yo.

Ahora mismo mi compañía más cercana es la gata de mi abuela, a quien ahora último le ha dado por dormirse sobre la cabecera de mi cama, o en la repisa en donde abulto mi ropa desordenada. Y aquí está, a mi lado izquierdo, con el cuerpo flácido, dormitando. Llevaba días algo extraña. Se subía al entre techo y se quedaba allí tardes enteras. Comía poco... Mamá tuvo que cerrarlo y entonces se fue al cuarto de mi hermano. Cuando el vino hace unos días, huyó de allí (le tiene miedo, porque siempre arma alboroto, camina rápido y reclama en voz alta). Así fue como acudió a mi aposento, en donde yo no la correteo ni le hostigo tanto. La dejo ir y venir cuando le place. Supongo que anda en las mismas que yo. Tratando de encontrar comodidad, cariño, libertad y calma.

viernes, 1 de febrero de 2013

Me aburrí de la apatía.

No me gusta el silencio. Muchas veces se entiende como mala onda. Por eso no me gusta. No me gusta cuando se prolonga por demasiado tiempo, aunque de por sí ya me cuesta sociabilizar. No me gusta ir por la calle esquivando gente. Se entiende como si sintiese algo de repulsión, y en realidad la mayoría de las veces es solo pudor...

Hay algo importante que he aprendido en el trabajo en donde estoy. Allí, en el casino, corremos todo lo que dura del turno... a veces estamos tan ocupados que no nos da para levantar la cara y cruzar mirada con el resto. A veces no tienes idea de quienes están a tu lado. Cada vez que puedo, yo lo intento. Lo he hecho así con quienes se han portado bien conmigo. Quienes responden a mis peticiones de ayuda... en fin. Ahora lo hago con casi todos. Voy por ahí, y con quien me cruce le saludo, o solo le sonrío, si ando corriendo más de la cuenta. Y cuando no tengo más que hacer me ofrezco a lo que sea, incluso pelar papas, zanahorias o cebolla, lo que no es de mis mejores habilidades. Con el tiempo pude notar que a muchos se sintieron bien con eso, incluso cuando ando despistada me hablan, me saludan primero (por mi nombre, ya me conocen bien), me preguntan como voy con mis tareas. Hoy la señora que prepara las ensaladas me expresó su lata por mi partida la proxima semana. Quería tenerme en febrero con ellas. Me dio un poco de pena. Dentro de algunas irregularidades y puntuales incomodidades, hay buena gente ahí. De eso me pude dar cuenta.

Si en el fondo pertenecer a una sociedad implica comunicación, y ojalá cooperación y cordialidad. Así andamos mejor en el trabajo, en los grupos de estudio, con los amigos, con la familia.




jueves, 31 de enero de 2013

“And I would hide my face in you and you would hide your face in me, and nobody would ever see us any more.”
— Franz Kafka

domingo, 27 de enero de 2013

Quedan tan pocos que te hablan en Presente Perfecto. ¿Te has fijado en eso?




(Jo, como lo acabo de usar xD)
No estuvo tan mala la cosa en la casa de la Karol. De hecho me quería quedar, pero hoy tuve turno de mañana. Sip. Hoy, día domingo. Va a sonar pesado esto que diré, tal vez, pero me sentí más a gusto con la Gaby, que con las chicas. Es que... no tenemos mucho tema en común. Hablan casi siempre de sus salidas a carretear, a tomar, a las cuales yo no voy porque no me gusta. La Gaby está aprendiendo a tocar guitarra. Le falta re poco. Le lleva el ritmo a tocar y cantar a la vez, lo que es una gran ventaja. Además toca flauta traversa, y otra que le regalo un profe de música, que es japonesa. Ayer estuve con ella, compartiendo de música, hablándole de Prog Rock, de la Kscope,... de como el resto de las bandas se han estropeado... La Karol es bien pesadita con ella, debo decir. Siempre la manda a ordenar cuando está de lo mejor compartiendo con nosotros. O sea, si. Es media perezosa la cabrita, pero no creo que valla por ahí la cosa. Me recuerda un poco a mi a su edad, lo juro. Yo a su edad hacía lo mismo de encerrarme en la pieza a cantar y tocar guitarra, ignorar a mi hermana... Ahora estoy en mi cuarto escribiendo, y hace un rato mi hermana, luego de ordenarme que buscase el celular que "perdí" de mi mamá, vino a decirme que fuera a ver la nueva guitarra que se compró mi hermano, que llegó ayer, mientras yo no estaba. La verdad, no me motiva. No me llama más la atención. Recuerdo que cuando era chica iba a su cuarto y podía quedarme horas ahí escuchandole tocar. Ahora no es lo mismo. Las relaciones están algo más frías. No es más como esa vez hace un par de años que en Noche Buena me quedé con él tocando un tema de The Doors hasta la una de la madrugada. Ya no es nunca más así.

Una tiene que acostumbrarse a esas cosas. Tal vez no me merecía (ok, no nos merecíamos) la mala onda, o la "cero" onda que ahora hay. Pero es lo que todos estamos dispuestos a dar por los otros. No hay más. Somos incapaces de dar más. Y ante eso, prefiero quedarme aquí. Bueno, tal vez salga y le alague un par de minutos por la nueva adquisición, como para no redundar en lo pesada, como para no ser tan obviamente caga onda. Es fome que para no incomodarles a ellos tenga que estar ahí un rato, incomodándome a mi misma. Me carga pensar en mi y mi guitarra, que tiene casi 4 años y nunca le he cambiado las cuerdas.