Limbo.
Me suena esa palabra.
Tal vez le he escrito anteriormente.
Y si me conoces suficiente, sabrás que lo anterior es fue realmente irónico. Hoy es sábado. Sábado 07 de Diciembre de 2013, y si. Estoy hace un par de días oficialmente de "vacaciones". Sin embargo, no todo es tan simple aún. Aun me queda un asunto pendiente con un examen que he obliga a quedarme hasta al menos 3 días más, para luego regresar el viernes, solamente a buscar mi maldito carné nuevo (al menos creo salir bien en la foto. Me di la paja de arreglarme ese día, ya que será esa puta foto la que muestre al mundo por al menos media década más). Me imagino que esto explica muy bien el significado del título de esta entrada.
Hace un calor infernal aquí. Al menos así lo siento yo. Apenas pude lidiar con el computador en mis piernas, en la cama. Me deslicé literalmente de ella al suelo, fatigada a más no poder. Puse esta maquinita sobre la bandeja de madera al revés y aquí estoy. escribiendo. Pero pero pero... ahora mismo NECESITO un vaso con agua muy helada.
Ya, ahora sí. Sigo con calor y mis venas siguen hinchadas... pero mis oídos al menos se destaparon un poco. Comer porquerías me está pasando la cuenta. Ya ni me puedo el cuerpo. Mucho menos tengo ganas de levantarme. son las 16:37 y siento como si fuesen las 11. Ayer ví series, a mitad de una película... y me puse a pensar demasiado en asuntos que viene la gente y me cuenta, cómo si yo tuviese el entusiasmo de saberles. Al menos me sacaron una que otra risa, no voy a mentir.
Estoy aburrida de esta ciudad. Aburrida del temor de salir y enfrentar sus calles; de pretender verme "estable". En casa no habrá tanto problema si decido pasar mas tiempo en mi cuarto que en cualquier otra parte. aparte necesito un lugar para seguir practicando guitarra. Tal vez siga siendo yo la que tenga que ir a comprar el pan todos los días... pero bueno, será un enfrentamiento social no tan desafiante. Creo.
aaaaaagh. Que cansada estoy.
Lo siento. Me voy por una siesta. O solo cerrar los ojos, y continuar escuchando Anesthetize.
sábado, 7 de diciembre de 2013
viernes, 6 de diciembre de 2013
miércoles, 4 de diciembre de 2013
-Will?... No quiero interrumpir, si estás ensayando o...
-No. Está bien.
-Está algo atmosférico aquí.
-Bueno. Así sí soy yo... Entra. Prometo no intentar besarte de nuevo. A menos que dejes de seguir tu propio consejo
-El médico que se trata a sí mismo tiene a un idiota por paciente... Lamenté haber dejado tu casa la otra noche.
-¿Lo lamentaste?... ¿Implicas que ya no lo lamentas, o aún estás arrepentida?
-Entre las dos.
-¿De qué lado estás ahora?
-Con un pie bien plantado en cada lado.
-¿Me lo dices para confundirme?
-No. Te lo digo para ser honesta sobre cómo me siento.
-No quiero engañarte. Pero tampoco quiero mentirte.
-No mentiré si tú no lo haces.
-Tengo sentimientos hacia tí, Will... Pero simplemente no puedo tener un afer contigo. Sería... Temerario.
-¿Por qué? ¿Por qué? Y no es porque tengas una curiosidad profesional sobre mi.
-No. Es porque creo que eres inestable; y hasta que eso cambie, solo podré ser tu amiga.
-Gracias por no mentir.
-¿Te sientes inestable?
-(asíntió con la cabeza)
A paso calmado, ella se acerca y lo abraza. Él le abraza, cerrando los ojos sobre su hombro.
-No. Está bien.
-Está algo atmosférico aquí.
-Bueno. Así sí soy yo... Entra. Prometo no intentar besarte de nuevo. A menos que dejes de seguir tu propio consejo
-El médico que se trata a sí mismo tiene a un idiota por paciente... Lamenté haber dejado tu casa la otra noche.
-¿Lo lamentaste?... ¿Implicas que ya no lo lamentas, o aún estás arrepentida?
-Entre las dos.
-¿De qué lado estás ahora?
-Con un pie bien plantado en cada lado.
-¿Me lo dices para confundirme?
-No. Te lo digo para ser honesta sobre cómo me siento.
-No quiero engañarte. Pero tampoco quiero mentirte.
-No mentiré si tú no lo haces.
-Tengo sentimientos hacia tí, Will... Pero simplemente no puedo tener un afer contigo. Sería... Temerario.
-¿Por qué? ¿Por qué? Y no es porque tengas una curiosidad profesional sobre mi.
-No. Es porque creo que eres inestable; y hasta que eso cambie, solo podré ser tu amiga.
-Gracias por no mentir.
-¿Te sientes inestable?
-(asíntió con la cabeza)
A paso calmado, ella se acerca y lo abraza. Él le abraza, cerrando los ojos sobre su hombro.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Últimos Preparativos
Minutos más tarde vino una vez más la sra. Edith, a devolverme mi caja para la ropa sucia. Me preguntó si iría y preferí ser sincera. "Te entiendo", me dijo. "Yo tampoco me siento muy bien. Se me nota en la cara, supongo"
Regresó al rato a hacerse el liso conmigo. Tal vez una de las manías de la gente de estratos socioeconómicos más altos sea dejar cosas simples como un alisado en manos de otro. Esa... costumbre o necesidad de sentirse acicalado por alguien más. Algo que algunos otros no sentimos, y desde luego preferimos realizar por nuestra cuenta.
En eso que alisaba su pelo (increible, pero esta señora lo tiene bien cuidado. A excepción de las puntas, sin embargo), me hablaba. Que está cansada de vivir acá... que mi casera le consume, que piensa irse en uno o dos meses más... que quiere rehacer su vida, reunir a sus hijos, compartir con su nieta, qué se yo. Me soltó que algunos amigos de la casa le comentaban que mi cacera parece sentir algo de celos de ella, lo que me pareció algo ridículo. Un comentario bastante egocéntrico, útil para reafirmar mis creencias de que en esta casa, la gente suele hablarse a las espaldas más de lo que he estado acostumbrada a notar en mi tipo de núcleo social. Ciertamente me hace reconsiderar reservarme a mi misma, en mi cuarto. Evadir el hecho de que cada día me quieran incluir más en esta inusual "familia".
Y tal vez en cierto modo no soy tan distinta a la sra. Edith. Compartimos un objetivo. Irnos lejos. Aún me gusta alucinar que tengo una casa como la de Graham... en medio del campo, pero no tan lejos de la ciudad (porque he de trabajar allí, tal vez). Que vivo con mi mamá, que cuando no estoy ella se queda tejiendo y viendo novelas... o jugando con la mascota que en ese entonces vaya a tener. Por las mañanas y las noches, en cama, cierro los ojos pensando y repensando en dónde iré a parar. Hasta el día de hoy mis destinos no son como los habría planeado antes. Es muy seguro que terminé lo que tenga pendiente acá y me marche, no sé dónde. Tambien es muy seguro que vuelva a ocurrir un trago amargo más... en medio de los años que se aproximan. Y ante eso no puedo hacer mucho.
Bernarda me dijo anoche que no sacaba nada con pensar tanto en estas cosas ahora que queda tan poco. No sé que tanto comprende mi pesar, pero intentó decirme algo, y creo que fue atinado de su parte.
En eso me llamó Cristian. Me dijo que acababa de llegar a casa, que mamá le hablo brevemente de mi, que necesitaba plata. "No podemos esperar a que te queden dos lucas, Paula", me dijo. Que tengo que avisarle antes... su voz cansada me recuerda que sin importar cuando se lo pida, no le reconforta tener que enviarme plata. Pero lo toma como una responsabilidad, y hasta el momento la cumple. Me preguntó si viajaría el otro finde, le dije que sí. Que me iba y con eso cerraba este año. Que aún tenía que ponerme de acuerdo con un par de amigos para guardar las cosas que no pueda dejar acá... me ofreció llevar algo de ello a su cuarto en Victoria... me recordó que Don Nicolas estaría de cumpleaños este finde, para que fuese con ellos, a empaparnos de un aire más familiar que el de nuestra casa. Acepté su invitación, le di las gracias, y sin más rodeos, nos despedimos, ambos desanimados, cansados.
Ya organicé todo para mañana. Me levantare temprano a sacar el maldito carné de identidad para que me den un papel actualizado que pueda adjuntar al FUAS. Retiraré la encomienda, compraré un sobre, iré a la U a imprimir lo que falte... estudiaré algo más para la tarde.
Y así acabará mi estrés
Y el jueves... bueno, habrá un último golpe que dar.
Regresó al rato a hacerse el liso conmigo. Tal vez una de las manías de la gente de estratos socioeconómicos más altos sea dejar cosas simples como un alisado en manos de otro. Esa... costumbre o necesidad de sentirse acicalado por alguien más. Algo que algunos otros no sentimos, y desde luego preferimos realizar por nuestra cuenta.
En eso que alisaba su pelo (increible, pero esta señora lo tiene bien cuidado. A excepción de las puntas, sin embargo), me hablaba. Que está cansada de vivir acá... que mi casera le consume, que piensa irse en uno o dos meses más... que quiere rehacer su vida, reunir a sus hijos, compartir con su nieta, qué se yo. Me soltó que algunos amigos de la casa le comentaban que mi cacera parece sentir algo de celos de ella, lo que me pareció algo ridículo. Un comentario bastante egocéntrico, útil para reafirmar mis creencias de que en esta casa, la gente suele hablarse a las espaldas más de lo que he estado acostumbrada a notar en mi tipo de núcleo social. Ciertamente me hace reconsiderar reservarme a mi misma, en mi cuarto. Evadir el hecho de que cada día me quieran incluir más en esta inusual "familia".
Y tal vez en cierto modo no soy tan distinta a la sra. Edith. Compartimos un objetivo. Irnos lejos. Aún me gusta alucinar que tengo una casa como la de Graham... en medio del campo, pero no tan lejos de la ciudad (porque he de trabajar allí, tal vez). Que vivo con mi mamá, que cuando no estoy ella se queda tejiendo y viendo novelas... o jugando con la mascota que en ese entonces vaya a tener. Por las mañanas y las noches, en cama, cierro los ojos pensando y repensando en dónde iré a parar. Hasta el día de hoy mis destinos no son como los habría planeado antes. Es muy seguro que terminé lo que tenga pendiente acá y me marche, no sé dónde. Tambien es muy seguro que vuelva a ocurrir un trago amargo más... en medio de los años que se aproximan. Y ante eso no puedo hacer mucho.
Bernarda me dijo anoche que no sacaba nada con pensar tanto en estas cosas ahora que queda tan poco. No sé que tanto comprende mi pesar, pero intentó decirme algo, y creo que fue atinado de su parte.
En eso me llamó Cristian. Me dijo que acababa de llegar a casa, que mamá le hablo brevemente de mi, que necesitaba plata. "No podemos esperar a que te queden dos lucas, Paula", me dijo. Que tengo que avisarle antes... su voz cansada me recuerda que sin importar cuando se lo pida, no le reconforta tener que enviarme plata. Pero lo toma como una responsabilidad, y hasta el momento la cumple. Me preguntó si viajaría el otro finde, le dije que sí. Que me iba y con eso cerraba este año. Que aún tenía que ponerme de acuerdo con un par de amigos para guardar las cosas que no pueda dejar acá... me ofreció llevar algo de ello a su cuarto en Victoria... me recordó que Don Nicolas estaría de cumpleaños este finde, para que fuese con ellos, a empaparnos de un aire más familiar que el de nuestra casa. Acepté su invitación, le di las gracias, y sin más rodeos, nos despedimos, ambos desanimados, cansados.
Ya organicé todo para mañana. Me levantare temprano a sacar el maldito carné de identidad para que me den un papel actualizado que pueda adjuntar al FUAS. Retiraré la encomienda, compraré un sobre, iré a la U a imprimir lo que falte... estudiaré algo más para la tarde.
Y así acabará mi estrés
Y el jueves... bueno, habrá un último golpe que dar.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Ayer llegué de mi última práctica, turbada porque nada salió como lo planeamos, o como me lo imaginé. Me eché en medio de mi desastrosa cama con el comptador en mis piernas... a ver si estaba disponible el nuevo capítulo de TWD. Nada. Entonces supuse que era buena hora de hundirme en una nueva trama. Comencé a ver la serial Hannibal, e inmediatamente caí rendida a los pies del extraño Will Graham. Un psiquiatra (creo) turbado cuyos ojos huyen del contacto visual con otras personas, con un extraño exceso de empatía para con los victimarios de las escenas criminales a las cuales la FBI le exige asistir como parte de su inusual trabajo. Imaginar ser el victimario... recrear grotescas escenas asesinas del más diverso calibre y creatividad, en primera persona. Me gusta por su rostro siempre angustiado, su impresionante inteligencia, su dificultad al dormir, su enorme casa en medio de la nada, rodeado de una manada de perros, su única familia. Todo un personaje de ficción, al cual tal vez nunca tendré el agrado de conocer, para confidenciarle un mismo problema: lidiar con personas.
Ahora mismo me siento horrible. El formulario de acreditacion socioeconómica para mantener mi beca me tiene con el alma en un hilo. Ayer me percaté que el plazo oficial para entregar la documentación se vencía ese día. Yo por creerle a un par de amigos dejé todo para el lunes. Ruego a cualquier ser omnipotente que este observando mi angustia que me escuche y haga que, como todos los años, extiendan el plazo de entrega una semana más.
Hoy desperté demasiado tarde, luego de quedarme tocando guitarra y hablando de metal hasta la madrugada con un francés. Agradable y atractivo, el tipo. Sin embargo no se tomó la molestia de preguntar por algún medio de contacto para más adelante. Yo tampoco iba a recordar esa posibilidad. Dije cordialmente buenas noches y me retiré antes. No tenía nada para comer. Solo pan. Me comí dos trozos de marraqueta sola, sin nada para beber porque mis tazas estaban sucias y la maldita esponja de lavar está bastante llena de porquería (me parece verdaderamente sin sentido lavar con algo así, pero al final lo hice). Al rato me retracté. Tomé una taza de té y fui por una ducha. Luego sali a la buena de "Dios" con 1000, en busqueda de los malditos papeles que mamá reunió para mi acreditación y envió por encomienda. Al llegar me entero de que el horario de atención para los días sábados termina extraordinariamente a las 15:00 horas. Para entonces eran exactamente las 16:00.
Fui al supermercado luego de una nueva plancha y luego de pinchar a mi mamá sin que me devolviese el llamado. Fui y gaste mis últimos 4.400 en un par de cosas para sobrevivir por el fin de semana, y el lunes. Al rato me llamo, con un tono medio severo. Le dije que se me había hecho absurdamente tarde para retirar la encomienda pero que lo haría el lunes, y le molestó. Le encargué que me enviase por favor 2.000. En ese momento contaba con 200. ¿Pueden creerlo? Dijo que no tenía, que llamaría a mi hermano, a ver que tal. Me carga pedirle plata a ella, o a mi hermano, que este mes ya me ayudo más de la cuenta. Y me siento estúpida por haberme gastado 10.000 en un maldito abrigo ligero que estaba a 80% de descuento.
Ahora no me siento para nada de bien. No quiero ver ni hablar con gente. La preocupación constante por trámites innecesarios, burócratas, me tiene enferma, harta. Pero ahí vino la sra. Edith, a invitarme a la casa de la sra. Marcela (hija de mi casera, de 40 mas o menos, de derecha, con un sentido del humor un tanto fuera de tono) "solo por un rato". La cosa es que de primera me negue pero cuando dijo "es para no ir sola" (y que va, si estarán todos los de la casa allá), me dio el arranque de empatía (como que a ella no le aguantan mucho, me di cuenta. Porque a veces se las da de que se las sabe todas) y dije "bueno", ahí me avisa cuando salir. En fin. El ofrecimiento fue a las 19:00 hrs. aprox. Y como sé que no será un ratito, puedo concluir facilmente que volveremos pasado las 22:00. Cosa que me sienta mal, considerando que tengo mi último examen pasado mañana, que no me reuní con mis amigos a estudiar, que tengo un ánimo de perros, realmente depresivo. Que aún tengo que arregrar lo de mis documentos...
Mierda.
Odio sociabilizar.
Odio en lo que se ha vuelto mi vida.
Pero queda una semana. Una puta semana y será mi turno de arrancar; dejar todo tirado y dar comienzo a un nuevo claustro de tres meses. No amigos ("solo una", la única, la de siempre), no iglesia, no compañeros... Eso será todo lo que necesite.
Aún así, desearía que algo extraordinariamente impensado ocurra ahora, para excusarme de esta mierda de reunión que no me incumbe.
Solo Graham me entendería, en estos momentos.
Ahora mismo me siento horrible. El formulario de acreditacion socioeconómica para mantener mi beca me tiene con el alma en un hilo. Ayer me percaté que el plazo oficial para entregar la documentación se vencía ese día. Yo por creerle a un par de amigos dejé todo para el lunes. Ruego a cualquier ser omnipotente que este observando mi angustia que me escuche y haga que, como todos los años, extiendan el plazo de entrega una semana más.
Hoy desperté demasiado tarde, luego de quedarme tocando guitarra y hablando de metal hasta la madrugada con un francés. Agradable y atractivo, el tipo. Sin embargo no se tomó la molestia de preguntar por algún medio de contacto para más adelante. Yo tampoco iba a recordar esa posibilidad. Dije cordialmente buenas noches y me retiré antes. No tenía nada para comer. Solo pan. Me comí dos trozos de marraqueta sola, sin nada para beber porque mis tazas estaban sucias y la maldita esponja de lavar está bastante llena de porquería (me parece verdaderamente sin sentido lavar con algo así, pero al final lo hice). Al rato me retracté. Tomé una taza de té y fui por una ducha. Luego sali a la buena de "Dios" con 1000, en busqueda de los malditos papeles que mamá reunió para mi acreditación y envió por encomienda. Al llegar me entero de que el horario de atención para los días sábados termina extraordinariamente a las 15:00 horas. Para entonces eran exactamente las 16:00.
Fui al supermercado luego de una nueva plancha y luego de pinchar a mi mamá sin que me devolviese el llamado. Fui y gaste mis últimos 4.400 en un par de cosas para sobrevivir por el fin de semana, y el lunes. Al rato me llamo, con un tono medio severo. Le dije que se me había hecho absurdamente tarde para retirar la encomienda pero que lo haría el lunes, y le molestó. Le encargué que me enviase por favor 2.000. En ese momento contaba con 200. ¿Pueden creerlo? Dijo que no tenía, que llamaría a mi hermano, a ver que tal. Me carga pedirle plata a ella, o a mi hermano, que este mes ya me ayudo más de la cuenta. Y me siento estúpida por haberme gastado 10.000 en un maldito abrigo ligero que estaba a 80% de descuento.
Ahora no me siento para nada de bien. No quiero ver ni hablar con gente. La preocupación constante por trámites innecesarios, burócratas, me tiene enferma, harta. Pero ahí vino la sra. Edith, a invitarme a la casa de la sra. Marcela (hija de mi casera, de 40 mas o menos, de derecha, con un sentido del humor un tanto fuera de tono) "solo por un rato". La cosa es que de primera me negue pero cuando dijo "es para no ir sola" (y que va, si estarán todos los de la casa allá), me dio el arranque de empatía (como que a ella no le aguantan mucho, me di cuenta. Porque a veces se las da de que se las sabe todas) y dije "bueno", ahí me avisa cuando salir. En fin. El ofrecimiento fue a las 19:00 hrs. aprox. Y como sé que no será un ratito, puedo concluir facilmente que volveremos pasado las 22:00. Cosa que me sienta mal, considerando que tengo mi último examen pasado mañana, que no me reuní con mis amigos a estudiar, que tengo un ánimo de perros, realmente depresivo. Que aún tengo que arregrar lo de mis documentos...
Mierda.
Odio sociabilizar.
Odio en lo que se ha vuelto mi vida.
Pero queda una semana. Una puta semana y será mi turno de arrancar; dejar todo tirado y dar comienzo a un nuevo claustro de tres meses. No amigos ("solo una", la única, la de siempre), no iglesia, no compañeros... Eso será todo lo que necesite.
Aún así, desearía que algo extraordinariamente impensado ocurra ahora, para excusarme de esta mierda de reunión que no me incumbe.
Solo Graham me entendería, en estos momentos.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Para algunos casos es fácil hablar de emociones ajenas. Hablar de terror, de fobias, de angustia irracional, por ejemplo.
Debo reconocerme una de aquellas personas que siente fascinación por los pasadizos ocultos de nuestra mente. Cómo piensan y viven internamente las personas; Lo que esconden detrás de sus ojos, detrás de una expresión, detrás de un tono de voz.
Al principio no cabía en mi mente la idea del pánico, de los nervios a causa de nada, de la gente que dice padecer depresión... de aquellos que se han vuelto dependientes de una y otra droga que de apoco arrebata una esencia cognitiva, una autonomía, una libertad de pensamiento, una oportunidad de vivir en auténtica paz, ya que bajo sus efectos solo se vive un espejismo, hermoso pero artificial.
Y tal vez no cabía en mi mente un pánico ajeno. Uno visto del exterior, tomado entre mis brazos y empujado a la fuerza a las puertas de mi interior, con el afán de sentirle mío. Ser cómplice de sus síntomas. Nada... No pasaba nada. Y tal vez esa no era la forma. Tal vez cada uno posee su propio pánico durmiente. Durmiente hasta que se corte un cablecito pequeño, que sostiente una caja negra, en la cual yacen nuestros más recónditos traumas. El pánico no toca a tu puerta; pero cualquier día te lo puedes encontrar dentro, esperándote con la cena lista.
¿Esperas a alguien muy importante, quien vendrá a verte excepcionalmente a tu morada, en un par de minutos más? ¿Cómo te sientes durante la espera?
¿A alguien se le escapó contar a un amig@ que te vio en un bar con otr@? ¿Cómo te sientes al sostener la mirada a los ojos de tu pareja?
¿Pasan los años, y crees que luego de salir de detrás de los barrotes el mundo te recordará como quien le arrebató la vida a un inocente? ¿Que se siente al volver al exterior?
¿Es tu primer día de colegio? ¿Que se siente ser el nuevo otra vez?
¿Necesidad de orinar por tercera vez a mitad de noche? ¿Cómo te sientes al caminar a solas, en medio de la oscuridad?
¿La primera vez que le tocas? ¿Cómo te sentiste al desabrochar su ropa interior?
¿50 años de matrimonio infeliz? ¿Cómo te sientes cada noche, al saberte mas cerca del fin, sin conocer una pizca de felicidad terrenal?
Es real, y nos toma como huéspedes. Manipula nuestra cabeza y envía ordenes fisiológicas. Pensamientos confusos que envuelven un auto-interrogatorio e inseguridad de que el resto lo note. Tu corazón se acelera mucho antes de que notes de que tus mejillas se han encendido. Aprietas instintivamente tus dientes, lo cual hace posible que tu cabeza, tus párpados, tiemblen. Tus manos sudan y pierden firmeza, y respirar se vuelve un proceso consciente, reprimido, falsamente sereno. Porque no quieres que nadie note que te falta el aire... que más allá de un abrazo, desearías huir para siempre.
El pánico está vivo. Sin embargo, como todo lo vivo, puede y tiene que morir. El pánico es arte, una creación humana. y por ende puede ser destruido, en cuanto el artista tome el puñal y raje el lienzo.
Jugué con él y se volvió carne, me sedujo con ideas oscuras... me envolvió en desesperación, progresivamente. Le experimenté, le viví, le sentí.
Solo en algo, podríamos concordar: El pánico nace de la sugestión. Nace de la imaginación.
Supongo que por eso, aún tengo esperanza.
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